miércoles, 7 de enero de 2009

Huamangamanta

Me doy una vuelta por el museo de la memoria de la ANFASEP, también
aquí, siguiendo la recomendación de la oficina de turismo en la Plaza Mayor de Huamanga (En la oficina también entra una señora a preguntar por "los derechos humanos". Es una oficina que queda a la vuelta. La señora quiere ver cómo va su caso...)

La verdad es que no es el tipo de museo que más me gusta. Alemania tiene varios y es precisamente de Alemania que viene el apoyo para este museo, como lo explica una placa. Diversas instituciones alemanas entre las que distingo a la GTZ.

La entrada al museo cuesta dos soles. El museo funciona en un segundo piso; el primer piso parece un lugar de reuniones y actividades. Un primer pasillo contiene de un lado una cronología fotográfica sobre cómo fue la violencia política (a la que prefiero llamar guerra insurgente-contrainsurgente). Del otro lado varias fotos a colores de familiares de desaparecidos inencontrables...

El ambiente principal contiene una suerte de retablo (ver fotos abajo) donde se ilustran escenas violentas de parte de la insurgencia, Sendero Luminoso, y de la contrainsurgencia, las Fuerzas Armadas y Policiales. Diversas fotos de cuárteles como los Cabitos o del estado municipal de Huanta al mando de la Marina. Sin embargo, el plato fuerte son los diversos objetos personales, como una ollita donde los encarcelados recibian comida (un militar se compadeció de los detenidos y le regaló a uno una ollita donde alimentaba a su perro), ropa de los muertos, cucharas de palo y vasijas que servían para alimentar a los huérfanos de la guerra, mandiles y gorros usados por desaparecidos. Un pedazo de papel donde reza:
"Yo me encuentro bien, no se preocupen pero de todas maneras insistan diario al cuartel para que me pasen al juzgado o hablar con alguien para conseguir dinero. Chau, Arquímedes”.
Es el mensaje a Angélica Mendoza de Ascarza, fundadora de ANFASEP, de parte de su hijo Arquímedes.

Hay, finalmente, una tienda de souvenires con arpilleras hechas por las familiares de desaparecidos y un par de libros con testimonios sobre la violencia. El museo tiene un libro de visitas.

La tarde cae sobre una Huamanga de mototaxi, calor y cumbia. Sospecho que la gente está ya en otra cosa. Parece que mucho tiempo ha pasado y sospecho también que por eso la memoria es importante...




Carta de Arquímedes...



Monumento delante del museo de la memoria.



Lado uno del retablo



Lado dos del retablo

Imágenes propias. Hacer click para ampliarlas

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6 comentarios:

Blogger María Isabel Guerra ha dicho...

Qué fuerte, Silvio, en verdad.

Es como lo que pasa en Chile; la gente ya está en otras, y muchos ya no quieren recordar que algo terrible pasó allí hace no tanto tiempo.

No digo que haya que quedarse anclado rumiando cosas que ya no tienen remedio. Pero como dices, el ejercicio de la memoria nos puede llevar a tomar mejores decisiones para el futuro.

Saludos, y gracias por citar el poema de Benedetti :-)

7 de enero de 2009, 20:15  
Blogger Tanque de Casma ha dicho...

Hola, Silvio
En mayo pasado visité por primera vez Ayacucho. Mi impresión fue distinta a la tuya. Después de estar yo trabajando por unos días allí, la gente del lugar me hablaban, dando algunas vueltas, a la época de violencia política sin que se lo pida. Me parecía que esos años los tenían muy presentes y que no estaban en otra necesariamente. Aunque, claro, el grupo de gente que frecuenté era más o menos de nuestra edad. No sé si los menores tengan tan presente aquella época.
Saludos
Ernesto

7 de enero de 2009, 23:03  
Blogger Silvio Rendon ha dicho...

Nomás aclaro que con que la gente parece estar en otra cosa, no quiero decir que se hayan olvidado o descuidado el pasado reciente. Era nomás que las cosas han cambiado y obviamente la gente está en otra dinámica. Hasta ahí era.

8 de enero de 2009, 9:56  
Blogger javier ha dicho...

Efectivamente. Incluso a muchos les "disgusta" algún texto o discurso que explícitamente mencione el conflicto. En cierta manera lo ven como un manoseo exterior de algo muy íntimo de ellos. Y hay algo como que "solamente nosotros, los que hemos sufrido toda la guerra, tenemos derecho a hablar del asunto cuando y cómo sea". Para bien o para mal.

9 de enero de 2009, 11:07  
Blogger Carlos Vargas Salgado ha dicho...

Hola Silvio,
La última vez que estuve en Huamanga fue por asuntos de teatro, claro, y mi filtro fue ese: la temática de la violencia andaba siempre rondando a los artistas locales. Y las historias sí se repasaban. El público las recibía con mayor comodidad que antes, imagino, pero no con sentimientos trágicos.
Es más, de conversar con ilustres literatos que aquí no voy a citar, me llevé también la impresión de que la elite intelectual no había asumido tan fácilmente el asunto de la necesidad de la memoria.
Ahora la imagen general que me llevé de Huamanga, como ciudad, era parecida a la de Ernesto: es mejor no hablar de esas cosas, hay otros medios para conservar y vivificar la memoria. ¿Has visto alguna vez como se representa la violencia en los Carnavales? Es impresionante, es una forma alternativa que no responde mucho a las cordenadas de las ONGs ni a los grupos de defensa de los Derechos Humanos.

Saludos

11 de enero de 2009, 1:03  
Blogger Miguel Tejada ha dicho...

Interesante Silvio
No voy por Ayacucho desde el 2006. De lo que recuerdo, para la gente nacida post-1990 la violencia es cosa del pasado, de los padres o hermanos mayores, y están en otra nota, más cercana a la de los barrios populares de Lima.
De los que sí pasaron la experiencia de la violencia, lo que recuerdo es que había un abanico muy amplio de actitudes hacia ella, desde la negación a hablar del tema hasta la apertura al mismo, pasando por los que uqedaron marcados y ahogaban sus recuerdos en el licor.
Lo que sí, recuerdo que la propia gente hablaba que los ayacuchanos eran muy violentos, y que ello era producto de la violencia, incluso en los que no la vivieron. Recuerdo el 2006 los temas de discusión en las ONG con las que tuve contaco eran el de las pandillas juveniles (de jóvenes nacidos post-violencia), y el otro era el de las consecuencias de la violencia (alcoholismo, violencia doméstica,etc.).
Y un asunto que a mi me llamaba fuertemente la atención, en la ANFASEP por ejemplo, era la distinción entre el idioma hablado y el escrito: todas las discusiones en la ANFASEP se hacían en quechua, pero los acuerdos se redactaban en castellano. Y cuando mencioné el punto a algunos jóvenes de ANFASEP, me indicaron que entre ayacuchanos era usual aún el hablar en quechua, pero nunca lo usaban por escrito.

26 de enero de 2009, 16:59  

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